SER ANTICUARIO

La palabra anticuario tiene distintas acepciones o definiciones. Llamamos anticuario al erudito que se dedica al estudio de las cosas antiguas, dice el diccionario de la RAE, que es “la persona que hace profesión o estudio particular del conocimiento de las cosas antiguas”. También es anticuario quien se dedica a restaurar y comercializar antigüedades, o siguiendo la definición de la RAE, la persona que las colecciona o negocia con ellas.

Otra moderna acepción de esta palabra, que no esta incluida en el diccionario sería decir que es el espacio o establecimiento donde se venden las antigüedades y así llamamos indistintamente a estos lugares, tiendas de antigüedades o anticuario.

Son variadas las capacidades que un anticuario aporta al mercado y por tanto a la sociedad, en primer lugar es un experto en su sector y por tanto identifica la calidad y el valor o precio de las antigüedades. Esa capacidad le permite en ocasiones poder rescatar obras que hubieran pasado desapercibidas a los ojos de la mayoría, pero que el consigue identificar gracias a su conocimiento y experiencia. Por eso es habitual encontrar anticuarios en mercadillos, subastas, testamentarías, o lugares públicos donde se exponen para la venta productos de segunda mano o antiguos.

En ocasiones la experiencia y calidad del anticuario es tal, que se establece una relación de complicidad entre los estudiosos con gran formación académica y el anticuario, que tal vez carezca de ella, pero la suple con su experiencia y buen juicio. Así, en ocasiones, acude recíprocamente uno en busca del otro para corroborar la valoración de una obra.

El anticuario tiene también capacidades restauradoras, en ocasiones por sí mismo y otras acudiendo al artesano que sabe tiene la capacidad de devolver todo el esplendor a la antigüedad. De esta manera, se consiguen mantener obras, que si no hubiera sido por las capacidades del anticuario se habrían perdido para siempre.

En muchas ocasiones el anticuario se especializa en una época determinada, un segmento concreto de mercado, un estilo, etc., pero también hay anticuarios que en sus locales exponen una variada representación de objetos y estilos, permitiendo que los clientes puedan “descubrir” piezas de exquisito gusto en el recorrido de sus locales.

Fruto de ese amor que el anticuario tiene por las antigüedades y aprovechando la gran cantidad de objetos que pasan por sus manos con el transcurso de los años, normalmente el anticuario es también coleccionista. Algunos se quedan con las mejores piezas que pasan por sus manos para su disfrute personal y el de los suyos.

Por eso hay quien dice que, las mejores antigüedades no se encuentran en las tiendas de antigüedades, sino en las casas de los anticuarios.

 

Foto|Pedro Reyna

Author: Feriarte

Share This Post On